Ir al contenido principal

El FARO templo del arte - Manuel de la Fuente

El Faro, templo del Arte: concierto del 11 de septiembre de 1915

En la noche del 11 de septiembre de 1915 el salón de actos de Faro de Vigo acogió una “brillante solemnidad artística”. El acto, organizado para compensar la frustración de no haber conseguido que Enrico Caruso cantase en Vigo, reunió a profesionales de paso por la ciudad y a aficionados locales. La reseña, firmada por Manuel de la Fuente, destaca especialmente la intervención de Conchita Lezón, hija del jurista Manuel Lezón Fernández, y del barítono orensano Castor Méndez Brandón.


El salón de actos de Faro de Vigo —el dibujo que reproduzco muestra el edificio que, en el corazón de la ciudad, albergó durante tantos años al Palacio de la Noticia, una parte del cual, totalmente remozada, se utiliza para atender al público que nos es fiel— vivió la noche del 11 de septiembre de 1915 una “brillante solemnidad artística”, “superior a toda ponderación” y a lo que se podría esperar de los actuantes —unos, de paso por Vigo y otros amateurs aquí residentes—, seguro que organizada para quitar el mal sabor de boca dejado por la frustrada intención de conseguir que Enrico Caruso cantase en la tierra unida por siempre a la ópera por el recuerdo del mítico Tamberlick.

Aplausos muy calurosos de los asistentes —de lo más encopetado de la ciudad, según la reseña de apellidos que da el Faro (día 12)— fueron para Conchita Lezón —hija de Manuel Lezón, abogado y escritor muy unido a Celanova—, cantante comparada a la famosa, habilísima pianista. Dice de que Conchita “no tuvo el auxilio de los grandes maestros, debiéndolo todo a su soberana intuición artística”. “Ataca briosamente los sobreagudos, y las vibraciones de su voz de ruiseñor llevan al que la escucha las inefables exquisiteces del arte”.

Aplausos también para Conchita Trillo, de “angelical y bien timbrada voz”. Y el desmadre cuando le tocó turno al “eminente” barítono orensano Castor Méndez Brandón, retirado en el apogeo de sus facultades y triunfos por dedicarse al cuidado de su anciana madre. Próxima postal para este artista gallego del bel canto, antecedente glorioso, con otros paisanos, de esa esperanza actualísima que nuestra tierra ha depositado en el vigués Manuel García Sirera, tan solicitado por las televisiones y radios nacionales, y cuya voz hace peligrar el más fino cristal…

La colaboración local estuvo a cargo de los aficionados Curbera, Arbulo, Vidales y Rodríguez Bonín —que acompañaron a las estrellas al piano y con instrumentos de cuerda— y de Luis de la Cruz Quesada, habilísimo pianista.


La crónica de Manuel de la Fuente recupera un concierto poco recordado del salón de Faro de Vigo en 1915, en el que brillaron Conchita Lezón y Castor Méndez Brandón. Queda como testimonio de la vida cultural viguesa de principios del siglo XX y de la presencia en la ciudad de figuras vinculadas al mundo del bel canto y de la intelectualidad gallega de la época.



Comentarios