domingo, 23 de febrero de 2020

Casa las Torres (1937) - Francisco Castro Represas

La Casa las Torres fue obra del arquitecto Francisco Castro Represas en 1937.


Se trataba de una de las primeras obras de Francisco Castro y en ella  conviven elementos de estilo racionalista, como el tratamiento de huecos y algunos paramentos con franjas horizontales, con elementos eclécticos, como los arcos sobre la entrada o las escalinatas y pérgolas en las terrazas. La estructura horizontal es de madera sobre muros de piedra pintados. Los remates del mirador central esconden cubiertas tradicionales de teja.


Posteriormente, en 1942, la vivienda fue ampliada en su parte posterior.


En su día, construcciones como ésta inundaban esta zona, conocida como Peniche. Viviendas unifamiliares que salvaban el desnivel del terreno y que en su mayoría formaban un gran conjunto arquitectónico.

En los años 60 Vigo empezó a crecer y muchas de estas viviendas fueron derribadas para construir en altura. Otras, como la que nos ocupa, se salvó pero quedó encajonada.




El Cine Fraga (1942-1948) - Luis Gutiérrez Soto

La historia del Cine Fraga comienza con Isaac Fraga Penedo, empresario y productor cinematográfico, una de las figuras más importantes de la cinematografía viguesa. También fue exhibidor, promotor de espectáculos, importador de películas, e incluso descubridor de estrellas.




En los años veinte la empresa Fraga gestionaba o era propietaria de la mitad de las salas estables de Galicia con locales en A Coruña, Ferrol, Santiago de Compostela, Pontevedra, Lugo, Monforte de Lemos, Ourense y Vigo, y tenía importantes salas en el resto de España como en Burgos, Gijón, Salamanca, Valladolid y Santander. Así, Fraga se convertía en el empresario de salas de cine más importante de Galicia.

El 20 de Agosto de 1941 emprende en Vigo el que será su proyecto más ambicioso: el Cine Fraga. Su intención era la de construir la sala de cine más importante y majestuosa de la ciudad. Ese día Isaac Fraga suscribe y presenta ante el Ayuntamiento de Vigo una solicitud para demoler las edificaciones existentes en un solar de su propiedad en la esquina de las calles Uruguay e Isabel II (el mismo en donde años atrás fue presentado el proyecto de Sala Universum).


En sus sucesivas estancias en nuestra ciudad, Fraga Penedo quedó convencido de que Vigo era un sitio perfecto para los negocios.



Los trabajos de demolición se llevaron a cabo bajo la supervisión del arquitecto Jenaro de la Fuente Álvarez.



En un primer momento Fraga encarga el proyecto del cine al propio Jenaro de la Fuente. Así, el arquitecto presenta un proyecto en 1941 que sin embargo nunca se llevará a cabo.

En 1942 se encarga el proyecto al reputado arquitecto madrileño Luis Gutiérrez Soto. Por aquel entonces Gutiérrez Soto era el arquitecto con más fama en la capital española (especializado además en salas cinematográficas). No en vano, sele considera el arquitecto oficial del franquismo.

Inicialmente presenta un proyecto en mayo que guarda ciertas similitudes con el de Jenaro de la Fuente pero que también es rechazado.

En julio de 1942 presenta un nuevo proyecto que será el definitivo, teniendo en cuenta las sugerencias y gustos de Fraga Penedo. Este proyecto inspirado en los edificios compostelanos tiene como elemento característico un gran pórtico abierto en la esquina de las dos calles.

Por problemas con el técnico municipal la construcción del cine se lleva a cabo en casi seis años, siendo la obra a la que más tiempo dedique en su carrera el arquitecto madrileño.

En ese período de tiempo el arquitecto se presenta en Vigo en contadas ocasiones y delega las labores de pie de obra en su ayudante Bernardo Carratalá y en el arquitecto local Arturo Fraga Framil, hijo de Isaac Fraga, que al inicio de la obra cursaba los estudios de arquitectura en la Escuela de Arquitectura de Madrid.

Inicialmente participa en las obras en períodos vacacionales, pero cuando termina la carrera en julio de 1946 se incorpora de forma continua desempeñando una labor activa e importante.

A él se deben algunas modificaciones del proyecto inicial y el cuidado y espléndido resultado final de algunos detalles del edificio.

Era tan alto el grado de calidad exigido a los acabados del cine que se trajeron de otras zonas de España expertos escayolistas que contratan a ayudantes locales que posteriormente serán grandes profesionales tras su fase de formación en el Fraga.

La calidad de la cantería labrada fue tal que algunos de sus elementos fueron premiados en los concuros celebrados por la Escuela de Artes y Oficios.

El 27 de marzo de 1948 se inaugura el cine con la proyección de la película "Botón de ancla".

Al día siguiente en los periódicos locales todo eran alabanzas al nuevo cine vigués, del que destacaban su suntuosidad y belleza.

El edificio estaba dividido en cuatro partes. Contaba con una sala de cine y de teatro de 1758 localidades, una sala de fiestas, una sala de exposiciones y una cafetería.

El edificio, de carácter regionalista, recoge elementos decorativos de la arquitectura histórica gallega como la galería superior de arcos enlazados, claramente influenciada por la fachada extrerior del Tesoro del claustro de la Catedral de Santiago.

Presenta también claras influencias de la arquitectura barroca compostelana a la que Gutiérrez Soto le añade elementos neorrenacentistas. Esta influencia barroca se puede comprobar en la composición y decoración de los vanos de la balconada de la calle Uruguay, similares al del Hostal de los Reyes Católicos, también en Santiago.

La estructura interna es de hormigón y los muros de granito del país , dejando la piedra de más calidad para los elementos decorativos (procedente de la conocida cantera de Castrelos).

El elemento que cabe destacar de esta construcción es el gran pórtico partido de formas rectangulares y decoración neobarroca, de la fachada de la calle Uruguay, por el que se accede al interior.

El cine, a pesar de unos inicios dorados (en Vigo se llegó a considerar ir al cine como ir al Cine Fraga) con los años fue perdiendo espectadores progresivamente. La aparición de los minicines llegarían a afectarlo seriamente.


En 1988 se produce un gran incendio en el local, bajo sospechas de intereses inmobiliarios ya que el edificio formaba parte de una manzana del centro de Vigo donde se proyectaba una remodelación urbanística.


La empresa Fraga emprendió al poco tiempo los trabajos de rehabilitación (sin la ayuda del Ayuntamiento de Vigo) y en tres meses el Fraga volvía a la actividad.
Para competir con los minicines se decide ampliar el Fraga en febrero de 1988 con la construcción de una sala de 75 localidades (sala Fraga 2) aprovechando la llamada Sala Velázquez.
El resultado económico de la nueva sala es satisfactorio por lo que en abril de 1996 la empresa Fraga decide aprovechar otro local utilizado como cafetería para crear una nueva sala de 95 localidades (sala Fraga 3).
Pero a pesar de los intentos por mantener el cine, el 28 de junio de 2001 el cine se despide para siempre con la proyección de la película "Lara Croft, tomb raider" (menuda despedida...) y en las salas 2 y 3 "Una noche con Sabrina Love" y "El regreso de la momia".

El 30 de junio de 2001 el inmueble fue comprado a Ignacio y Mercedes Fraga por Caixa Galicia por 1.290 millones de pesetas para destinarlo a Centro Sociocultural.

La reforma fue encargada al arquitecto César Portela, quién expresó su intención de mantener inalterable la estructura exterior y modificar lo menos posible la estructura original, así como respetar todos aquellos detalles tomados por Gutiérrez Soto del barroco compostelano.

El inmueble, que dispone de cerca de 5.000 metros cuadrados de superficie, tras la reforma se distribuirá de forma que cuente con las siguientes instalaciones:

- Un Auditorio de usos múltiples que permitirá disponer de una sala para espectáculos y actividades culturales, como cine, teatro, conferencias, mesas redondas, además de otras salas para actividades formativas y de todo tipo relacionadas con el mundo cultural.

- Una planta sótano destinada a una gran Sala de Exposiciones.

- Una Ciberoteca ubicada en la planta baja, que ofrecerá una serie de servicios relacionados con la formación y el desarrollo escolar.

- Un Centro de Mayores, con una superficie de casi 600 metros. Dispondrá de ciberaulas, puntos de información, salas de reuniones y lectura, y contarán con servicios sociales y médicos.

Sin embargo, tras la fusión de Caixanova y CaixaGalicia, el proyecto se canceló, y desde entonces el edificio permanece en el olvido, cerrado y abandonado.  

Antigua Estación de Ferrocarril (1878) - Javier Boquerin

La antigua Estación de ferrocarril se proyectó en 1860 por el ingeniero de caminos, canales y puertos Javier Boquerín con motivo del proyecto de ferrocarril de Orense a Vigo.









Aunque su construcción finalizó en 1878, el primer tren no saldría hasta la madrugada del 18 de junio de 1881. Desde ese día, las dos ciudades más importantes del sur de Galicia, Vigo y Orense, quedaban por fin unidas. Como muestra del hermanamiento de las dos urbes se grabaron en la parte más alta del edificio las iniciales de las dos ciudades (V y O).

La estación tenía una disposición en planta en forma de U. Del cuerpo principal partían las dos alas, entre las cuales se situaban los andenes de viajeros con tres vías.

Inicialmente el cuerpo central era de dos plantas y las dos alas laterales eran de planta baja. Posteriormente, en 1923 se lleva a cabo una reforma del edificio y se amplia en una planta la cabecera de los laterales de las alas, haciendo así que el cuerpo central tuviera la misma altura.

Esta parte central es enteramente de sillería labrada y tiene un estilo academicista que se realza con pilastras almohadilladas. Se compone de cinco huecos que dan entrada al vestíbulo, y otros tantos vanos diferenciados.

Las adiciones laterales corresponden a un estilo neoclasicismo. Destacan las dos puertas-ventanas de salida a balcones con balaústres y adornadas de columnas jónicas. Estas adiciones se integran muy bien en el edificio formando una composición volumétrica bien proporcionada.

Con los años la estación iría deteriorándose y notando el paso del tiempo. Además, las voluminosas edificaciones que se iban construyendo en la calle Via Norte fueron arrinconando a la estación y empequeñeciéndola. Y por si esto no fuera suficiente, a finales de los 80 se coloca una marquesina de chapa que afea enormemente el edificio.

Con la construcción de una nueva estación se presenta un proyecto suscrito por Renfe y el Concello de Vigo por el que se aprueba derribar el edificio y en su lugar construir una gran plaza pública.

Ante tal atentado contra el patrimonio de nuestra ciudad, personalidades de la cultura, profesionales del arte, el colegio de arquitectos y algunos arquitectos y políticos se posicionaron en contra del proyecto, lo que propició que la Xunta de Galicia declarase la estación bien cultural.

Sin embargo, el proyecto siguió adelante y a finales de los 90 se desmontaron las piedras que componían el edificio. Desde entonces, estas piedras permanecen abandonadas en una parcela de ADIF en Redondela a la espera de que alguien se acuerde de ellas.



Edificio Albo





Llegados a Vigo procedentes de Santander, los Albo pronto consiguieron hacerse un hueco en la industria conservera viguesa. Así, impulsados por el gran momento que atraviesa el sector a partir de la guerra civil, deciden construir grandes y modernos edificios de viviendas que destinaron al alquiler. Era una forma de mostrar a la sociedad viguesa su floreciente poder económico.


En 1940, debido al trazado y pavimentación que se lleva a cabo a partir de la calle Urzáiz (lo que es hoy la calle Gran Vía), en el número 2 del nuevo vial se consigue un buen solar en el que la familia Albo contrata al arquitecto Francisco Castro Represas para realizar el proyecto de su edificio de viviendas.


Castro Represas era un arquitecto que propugnaba la nueva arquitectura racionalista. Pero debido a la presión social, en muchas de sus obras tuvo que abandonar ese estilo de arquitectura de vanguardia por uno acorde al gusto de la época: el regionalista.


Precisamente eso fue lo que le ocurrió con el edificio Albo. En un primer momento el proyecto era de estilo racionalista, pero a lo largo de la construcción se va modificando con incorporaciones de formas neobarrocas propias del regionalismo. Esto, unido a la falta de hierro y cemento en los años de la postguerra, hace que la realización de la obra no se concluya hasta 1949.


Con una planta baja con elementos clasicistas como columnas toscanas y en el resto del edificio con elementos neobarrocos como frontones barrocos partidos o cornisas molduradas, aun así el conjunto del edificio tiene un predominio racionalista.


En el edificio hay un claro dominio de la verticalidad en la esquina y la horizontalidad en las fachadas.


La composición es simétrica con el eje central de esquina.


En esa época el régimen franquista repudiaba las características de la arquitectura de vanguardia. Sin embargo en este edificio se pueden apreciar unas cuantas: los grandes vanos de esquina, los apaisados de las fachadas con esquinal curvo, dintel para protección de las aguas,...


Por si acaso, Castro realiza en lo más alto del edificio una reproducción de la famosa escultura alada de origen griego "la Victoria de Samotracia" (de Jesús Picón) y una aguja. 

La estatua, que conmemora la famosa Victoria de Samotracia (una batalla naval), se encuentra en el Museo del Louvre.


La situación privilegiada que tiene el edificio en el arranque de la Gran Vía, unido a su forma piramidal y el empleo de granito pulido de excelente calidad hacen que el edificio tenga un aspecto distinguido y majestuoso.

Edificio Real Club Naútico de Vigo





El Real Club Náutico de Vigo, fundado el 17 de abril de 1906, en la década de los 30, debido al cada vez mayor número de socios, necesitaba unas nuevas instalaciones que albergaran su sede social.

Así, en 1944 se encarga el proyecto del nuevo edificio Social del club al arquitecto Francisco Castro Represas en los terrenos donde anteriormente estaba el Edificio de Viajeros, que sería derribado. La inauguración fue el 4 de agosto de 1945 resultando todo un éxito de afluencia.

El inmueble, de estilo racionalista, se convirtió de inmediato en un símbolo de la ciudad y un motivo de orgullo para los vigueses.

Cabe destacar la estrecha relación que guarada con el edificio del Club Naútico de San Sebastián que fue construido anteriormente entre 1928 y 1929 según el proyecto de los arquitectos D. José Manuel Aizpurua y D. Joaquin Labayen, también de estilo racionalista y con formas y elementos similares.

La construcción de estos edificios era un acto de valentía por parte de los arquitectos, ya que en esa época el estilo racionalista estaba asociado a la II República y no estaba muy bien visto por el régimen franquista.

Para su construcción se emplearon pilotes debido a la dificultad de conseguir una cimentación bajo el agua. Esos pilotes se prolongaron en las plantas del edificio como pilares cilíndricos.

El edificio está fuertemente inspirado en las construcciones navales. Su forma aerodinámica, sus escaleras, varandillas, terrazas, parasoles, ojos de buey, y más elementos proporcionan al conjunto un aspecto de navío atracado en el puerto de Vigo.


En su fachada había una serie de terrazas escalonadas que servían de palcos para eventos sobre la explanada que se prolongaba hasta el Hotel Universal. Posteriormente, la terraza principal se cubrió dando al edificio otro aspecto y perdiendo su ligereza compositiva. También se cometieron algunos añadidos al edificio y con los rellenos que se fueron cometiendo se perdió el contacto del inmueble con el mar, que era su razón de ser.

Se trata sin duda de una de las joyas racionalistas de nuestra ciudad y uno de los edificios más emblemáticos.

Escuela de Artes y Oficios






En las calles Policarpo Sanz y García Barbón se pueden encontrar algunos de los más bellos edificios de piedra que hay en nuestra ciudad.


Uno de ellos es la Escuela de Artes y Oficios. Su proyecto fue firmado por el maestro de obras Dimas Vallcorba el 27 de diciembre de 1897.


El promotor del edificio fue José García Barbón y el arquitecto encargado del proyecto fue el francés Michel Pacewicz.


El edificio está situado en el número 5 de la calle García Barbón esquina con la calle Pontevedra.


Con este maravilloso edificio de estilo ecléctico-historicista con elementos románicos y goticistas, Pacewicz dejó nuevamente su huella en nuestra ciudad y demostró que su estilo arquitectónico era muy variado y respondía a muchas influencias.


El edificio, en un principio propiedad de García Barbón, fue donado por éste a la ciudad para albergar la Escuela de Artes y Oficios y una Biblioteca Pública.


El 26 de septiembre de 1886 la "Cooperativa de Trabajadores El Ahorro" funda en la ciudad la Escuela de Artes y Oficios con el nombre de "Casa Escuela", con la finalidad declarada de impulsar la instrucción del obrero y el progreso de la mujer trabajadora.

Instalada en el número 3 de la calle del Circo (hoy calle Eduardo Iglesias), con el apoyo de José Manuel Bárcena, José García Barbón y Chao, entre otros, el 26 de enero de 1901 se decide trasladar la escuela a un nuevo edificio donado por García Barbón. En agosto de ese mismo año se produce el traslado al nuevo inmueble situado en la calle García Barbón, donde el ministerio instituye las enseñanzas superiores de industrias, con el fin de producir "trabajadores cualificados e impulsar el desarrollo técnico del Estado".


Cabe reseñar que por aquella época el periodista Ramón Gasset (tio materno del filósofo) emprendió en Vigo la creación de unas escuelas superiores (que sería el embrión de la Escuela de Peritos) dando como resultado el 30 de enero de 1902 la apertura de matrícula del primer curso de Mecánicos y Electricistas.


Así, el 6 de marzo de ese mismo año Ramón Gasset toma posesión del edificio de Artes y Oficios como director de la Escuela Superior.

Las previsiones iniciales de Artes y Oficios fueron modificadas y en mayo se llevó a cabo una reestructuración: la Escuela de Artes y Oficios, dirigida por José Díaz Casabuena, se integraba como Escuela Elemental de Industrias, que daba acceso a la Superior, dirigida por Gasset. Ambas escuelas estaban estaban instaladas en el nuevo edificio, que pasaba a conocerse como Artes e Industrias.

La construcción del inmueble se llevó a cabo en dos etapas. En la primera se construye la fachada principal de García Barbón y en 1900 se construye el tramo de la calle Pontevedra. En 1902 se añade un nuevo cuerpo para dedicarlo a la enseñanza de la mujer, que se termina en 1904.

Este edificio destaca entre las demás edificaciones eclécticas de la ciudad por su combinación de superficies planas y lisas con vanos sencillos y dobles partidos por una columna, ornamentados en su contorno y con sobredinteles resaltados.

La fachada a la calle García Barbón es simétrica y está formada por tres cuerpos, con los dos laterales ligeramente salientes para romper su planitud y con una disposición de los vanos diferentes.


Destaca por su marcada horizontalidad gracias al efecto que produce las impostas a la altura de las intersecciones de las plantas.


Su carácter ecléctico se puede apreciar también por la diferente ornamentación que posee cada una de las plantas del edificio.


La fachada a la calle Pontevedra destaca por sus dos balconcillos con arcos de medio punto en las varandillas. Colocados simétricamente, forman una gran ménsula lujosamente ornamentados con motivos ecléctico-gótico-románicos. El vano que corona el balcón aparece decorado con una cinta vegetal.



El edificio anexo (construido posteriormente) enlaza con el anterior mediante un pórtico finalizado en frontón conopial.


Hoy en día el edificio alberga la mejor biblioteca de Vigo y de forma gratuita imparte clases de artes populares, música e idiomas.

Se trata sin duda de uno de los mejores ejemplos de arquitectura ecléctica neomedievalista de nuestra ciudad y una de las joyas arquitectónicas de Vigo.

Sin duda un gran regalo a la ciudad del querido filántropo José García Barbón.

Edificio Rubira



La historia del Edificio Rubira comienza cuando el general Salvador de la Fuente Pita Pastor encarga en 1880 a Jenaro de la Fuente Domínguez la construcción de un edificio en un solar de su propiedad situado en el cruce de lo que son hoy la calle García Barbón y la calle Colón.


Un año después se obtiene la licencia municipal y se inician los trabajos del edificio. Pero el proyecto rápidamente queda paralizado debido a la muerte en febrero de 1882 del mariscal Salvador de la Fuente y cae en el olvido durante casi 20 años.

En 1900 los sobrinos de Salvador de la Fuente venden por 50.000 pesetas a Lucas de la Riva el solar donde se proyectaba construir el edificio.


Lucas de la Riva fue un empresario riojano que hizo una notable fortuna en Santiago de Compostela basada en la exportación de telas. Tenía un gran interés por la arquitectura, por lo que decide delegar sus funciones en su empresa textil y se adentra en el mundo de la construcción.


Tras conseguir que el ayuntamiento dé luz verde a la reanudación de las obras aparcadas en 1882, Jenaro de la Fuente Domínguez, que por aquel entonces ya había construido varios inmuebles en la ciudad y ya contaba con cierto prestigio, decide modificar el proyecto inicial.

Las causas por las que el maestro de obras vallisoletano se vio obligado a modificar el proyecto inicial se desconocen, pero todo apunta a que se debió a la gran irrupción del arquitecto francés Michel Pacewicz.


Entre 1987 y 1900 se inician 5 obras de Pacewicz donde despliega toda su maestría en la interpretación de los estilos históricos. El Edificio Acuña Soaje (1897), el Edificio el Moderno (1897), la Escuela de Artes y Oficios (1898), la Casa Yáñez (1900) y la Casa de Rosendo Silva (1900) encandilan a la burguesía local y provocan una especie de competición con Jenaro de la Fuente que genera en rivalidad. Así, Jenaro de la Fuente decide replantear su estilo y se adentra en un eclecticismo personal que marcará el nuevo diseño del Edificio Rubira.


En 1901 se reanudan las obras en el edificio y a finales de 1905 es ocupado por familias conocidas en la ciudad y empresas de importancia, entre ellas el Banco de Vigo y la Sociedad de Aguas.


En sus primeros años de vida el edificio pronto se convierte en uno de los principales reclamos de los fotógrafos de postales. Su belleza unida a su privilegiada situación lo convierten en una instantánea perfecta para inmortalizar una pequeña parte de la ciudad en una postal.


El nombre que se le asigna al inmueble en las postales es el de Banco de Vigo, en vez del correcto Edificio de la Riva, debido a que el banco era el local más conocido del edificio.

El Banco de Vigo y la Sociedad de Aguas ocuparían el edificio hasta 1924. El Banco se trasladaría a su nueva sede en la esquina de enfrente y poco después la Sociedad de Aguas sería municipalizada.


A principios de la década de los años 20 se construye en la esquina opuesta del edificio Rubira el Banco de Vigo (hoy sede del Banco Pastor). El cruce popularmente conocido como "Cuatro Esquinas" queda consolidado como una de las zonas más importantes de la ciudad y en un futuro como centro financiero. La belleza de las dos edificaciones frente a frente, unidas al edificio de cuatro alturas en perfecta armonía con el conjunto y la gran manzana limitada por las calles Colón, García Barbón y Pontevedra, construida por edificios de una o dos plantas (permitiendo una inmejorable visión de la Escuela de Artes y Oficios), constituye una de las estampas urbanísticas más bellas de la ciudad.

Tras el traslado del Banco de Vigo a su nueva sede, la planta baja del edificio Rubira es ocupada por la Central de Automóviles de Línea, más conocida como "El Castromil". Poco a poco la influencia de la empresa se va extendiendo y el edificio Rubira pasa a nombrarse "El Castromil".


El edificio debido a su privilegiada situación ve cómo sus locales son constantemente ocupados y pronto, uno de ellos llevará su nombre vinculado al edificio para siempre.

Francisco Rubira Fariña nacido en Negreira en 1896 cursa los estudios de farmacia de Santiago de Compostela siguiendo la tradición familiar. Trabajando para la empresa Bayer tiene que viajar por toda España. En uno de sus viajes conoce en Vigo a Trinidad Bastos, con la que contrae matrimonio.


Decide instalarse en Vigo y compra al farmaceútico José Espinosa la botica que tenía instalada al principio de la calle García Barbón, justo en frente del edificio Rubira. La farmacia se convertiría en un local muy concurrido debido a la conocida tertulia médica que tenía lugar en ella.

Después de que la empresa Castromil se trasladase a su nueva ubicación en la calle Uruguay Francisco Rubira instala su farmacia en el edificio que a partir de entonces llevaría su nombre asociado. Su antigua farmacia en la acera de enfrente sería adquirida junto al resto de edificios instalados en la manzana por la Caja de Ahorros en una evidente operación especulativa.


La farmacia inicia su actividad en su nuevo local en 1946 y con el paso de los años se convertiría en uno de los locales más conocidos de Vigo. Además de la evidente actividad económica, allí se reunían para debatir numerosos personajes del mundillo médico como Nicolás Peña, Pérez Alcalde, Ramón de Castro, Cesáreo Corbal,...


En 1951 se empieza a construir el edificio que albergará la sede de la Caja de Ahorros convirtiéndose en una mole que afectará muy negativamente al entorno de la zona y que romperá el equilibrio y la armonía que antes imperaba en las "Cuatro Esquinas".


El impacto provocado por el nuevo edificio y la diferencia de alturas con los edificios del entorno sirvió para avivar el ansia especuladora de unos pocos que provocaron la alteración de la altura de cornisa de muchos edificios de la zona y la destrucción de construcciones en aras de sacar dinero a toda costa.


El Banco de Bilbao tomó nota de la operación llevada a cabo por la Caja de Ahorros y a mediados de los 60 se hacen con el Edificio Rubira.


El arquitecto Francisco Hurtado de Saracho es enviado por el Banco Bilbao a Vigo para buscar un lugar idóneo para contruir la nueva sede del banco, y el emplazamiento elegido por el arquitecto vasco sería el Edificio Rubira. Su opinión sobre la contrucción era que "el edificio carecía absolutamente de estilo, era una cosa rara..." Concluye que la opción más acertada sería demoler el edificio y construir uno nuevo.


Surge aquí la eterna pregunta de por qué el banco no lleva a cabo la rehabilitación de un edificio noble e histórico que seguramente supondría una buena imagen de la entidad de cara a la opinión pública. La respuesta sólo puede ser por intereses económicos. Demoler un edificio de cuatro plantas y contruir uno completamente nuevo de nueve era un negocio demasiado jugoso como para decir que no.


La entonces titular del inmueble Isidora Sánchez de la Riva (nieta del promotor Lucas de la Riva) con conocimiento de los intereses del Banco Bilbao hace una oferta a los inquilinos que hubiera significado la salvación del edificio. Ofrece por una suma total de 900.000 pesetas la posibilidad de que cada uno de los inquilinos fuera propietario de sus respectivas viviendas o locales. La propuesta termina en saco roto debido a las negativas de Francisco Rubira y del abogado Amoedo Seoane a invertir dinero en el edificio. La indemnización que seguramente cobrarían por la operación especulativa debieron llevarlos a tal posición.


Ante la negativa de los inquilinos a aceptar la oferta de compra, el bufete del abogado Buide Laverde se ofrece como mediador para evitar que se llegue a los juzgados. El despacho vigués llega a un acuerdo con todos los vecinos, menos con uno. Francisco Rubira seguía en sus trece y sería el único inquilino que requerir de sentencia judicial.

El 5 de diciembre de 1964 la propietaria del edificio Isidora Sánchez de la Riva vende la finca a la Inmobiliaria El Arenal S.A., domiciliada en Bilbao. El primer escollo para la destrucción del edificio estaba solventado. Ahora tocaba llegar a un acuerdo con el Ayuntamiento.


En una época donde imperaba el desarrollismo y lo moderno, el Ayuntamiento no fue un obstáculo para que el Banco Bilbao se saliera con la suya. El alcalde en ese momento, Rafael J. Portanet Suárez, no sabía lo que significaba la protección del patrimonio. No había ninguna normativa que protegiera los bienes arquitectónicos y urbanísticos ni ningún catálogo de edificaciones a conservar, y además los técnicos municipales no tenían ningún problema en mirar hacia otro lado.


En la documentación técnica aportada en 1965 por el Banco de Bilbao para la construcción de un nuevo edificio en el solar del Edificio Rubira no aparece el citado edificio en ningún momento. Según los planos y documentos aportados al Ayuntamiento no existe edificación alguna que fuera preciso demoler. En apenas un mes los técnicos municipales, sin preocuparse de que en el solar que se pretende construir está en pie el Edificio Rubira, estudian la solicitud y dan luz verde al proyecto. Los técnicos responsables de hacer la vista gorda no son otros que el ingeniero José García Sáenz Díez y el arqutiecto Emilio Bugallo Orozco.

Tras varios aplazamientos, la Comisión de Gobierno se reúne el 4 de octubre de 1967 y concede la licencia solicitada por la Inmobiliaria El Arenal S.A. para construir un nuevo edificio de viviendas y locales con proyecto del arquitecto Francisco Hurtado de Saracho sin mencionar que es necesario destruir primero el edificio que se encuentra en el solar.

La falta de acuerdo con Rubira hizo que la operación de demolición se retrasara, siendo el último inquilino en abandonar el edificio tras percibir la indemnización. Su farmacia se traslada entonces al número 4 de García Barbón, en el Edificio Odriozola.


La salvaje destrucción del emblemático edificio no inmutó a los vigueses ya que hubo muy pocas protestas. En palabras de Jaime Garrido: “Este hecho, más que suficiente como para tomar medidas conducentes a evitar que se repitiera, no debió inmutar a los gobernantes municipales, porque se continuó con los derribos e incluso el Plan General de Ordenación Urbana de 1971 no sólo no lo impedía, sino que lo favorecía, al permitir edificar en altura según el ancho de la calle. Existía una total falta de sensibilización para con el patrimonio arquitectónico y la propiedad era prácticamente sagrada, etc. El nivel cultural era bajísimo y los pocos intelectuales que había estaban muy controlados y sus manifestaciones en público (conferencias, escritos, etc.) eran censuradas”.


Tan sólo se alzó una voz en defensa del edificio. Fue la del periodista Benedicto Conde "Bene", quien en 1965 publica un artículo en el Faro de Vigo titulado "El asesinato completo..." en el que muestra su preocupación por la falta de una legislación protectora del patrimonio en Vigo y denuncia la barbaridad que se planea realizar con el Edificio Rubira. Sin éxito sugiere a sus dueños la posibilidad de llevar a cabo una rehabilitación del edificio o inlcuso una ampliación. Sin embargo todo fue en vano.


La demolición inicia su andadura y del desmontaje y transporte de la cantería del edificio se encargará el industrial José Regojo. Su intención era la de reconstruir el edificio en Redondela. Numera los sillares para tal previsión pero ésta nunca llegará a ejecutarse. En Otoño de 1967 el edificio ya se ha desmontado en su totalidad y las piedras yacen en un solar propiedad de José Regojo en el Chan de Amoedo (Pazos de Borbén).

La intención inicial del empresario de reconstruir el edificio en Redondela se muestra inviable por la singularidad de la edificación y por los problemas económicos que sufriría su empresa en los 70. Regojo se propone entonces por lo menos construir una vivienda unifamiliar aprovechando las piedras del edificio o "hacer algo" con ellas.


Sin embargo las piedras nunca se llegaron a utilizar. Permanecieron en el solar de Pazos de Borbén sin ningún tipo de medida de seguridad, por lo que fueron presa fácil de la rapiña. Vecinos y párrocos se aprovecharon del abandono para llevarse varias piezas con total impunidad.


A finales de los 70 Regojo vende los restos que le quedan al empresario redondelano Juan Pazos Barciela que traslada la totalidad de los restos a sus depósitos de materiales en Redondela. Tan sólo queda en el solar de Pazos de Borbén un lamentable y penoso monumento en homenaje a José Regojo con algunas piezas del depósito. Sin duda un tristísimo final para un bellísimo edificio que nunca debió ser destruido y que debería servir de ejemplo para que el afán constructor y especulador no vuelva a cometer un crimen de tal magnitud.


Un segundo depósito se ubicaría en el margen izquierdo de la carretera a Redondela a Porriño. En estos dos depósitos fue bastante habitual la utilización de material allí depositado para decorar construcciones y jardines de clientes interesados. Las mayores partidas se destinaron a Madrid y Sanxenxo. Hoy, debido a los múltiples robos y a las pérdidas en los traslados queda sobre un 50% del material.


Sobre el solar del Edificio Rubira el Banco de Bilbao construyó uno de los edificios más feos de Vigo. Hurtado de Saracho presentó dos anteproyectos para la construcción del edificio. La primera propuesta es rechazada por los técnicos municipales por su elevada altura, por lo que la segunda es la que finalmente se verá realizada.


Resulta incomprensible que un banco prefiriese para su sede un edificio tan espantoso como el construido por Hurtado de Saracho por un edificio noble, tan sobrio y bello como el Edificio Rubira, con esa armonía y ese excelente trabajo de cantería.