domingo, 23 de febrero de 2020

Edificio Rubira



La historia del Edificio Rubira comienza cuando el general Salvador de la Fuente Pita Pastor encarga en 1880 a Jenaro de la Fuente Domínguez la construcción de un edificio en un solar de su propiedad situado en el cruce de lo que son hoy la calle García Barbón y la calle Colón.


Un año después se obtiene la licencia municipal y se inician los trabajos del edificio. Pero el proyecto rápidamente queda paralizado debido a la muerte en febrero de 1882 del mariscal Salvador de la Fuente y cae en el olvido durante casi 20 años.

En 1900 los sobrinos de Salvador de la Fuente venden por 50.000 pesetas a Lucas de la Riva el solar donde se proyectaba construir el edificio.


Lucas de la Riva fue un empresario riojano que hizo una notable fortuna en Santiago de Compostela basada en la exportación de telas. Tenía un gran interés por la arquitectura, por lo que decide delegar sus funciones en su empresa textil y se adentra en el mundo de la construcción.


Tras conseguir que el ayuntamiento dé luz verde a la reanudación de las obras aparcadas en 1882, Jenaro de la Fuente Domínguez, que por aquel entonces ya había construido varios inmuebles en la ciudad y ya contaba con cierto prestigio, decide modificar el proyecto inicial.

Las causas por las que el maestro de obras vallisoletano se vio obligado a modificar el proyecto inicial se desconocen, pero todo apunta a que se debió a la gran irrupción del arquitecto francés Michel Pacewicz.


Entre 1987 y 1900 se inician 5 obras de Pacewicz donde despliega toda su maestría en la interpretación de los estilos históricos. El Edificio Acuña Soaje (1897), el Edificio el Moderno (1897), la Escuela de Artes y Oficios (1898), la Casa Yáñez (1900) y la Casa de Rosendo Silva (1900) encandilan a la burguesía local y provocan una especie de competición con Jenaro de la Fuente que genera en rivalidad. Así, Jenaro de la Fuente decide replantear su estilo y se adentra en un eclecticismo personal que marcará el nuevo diseño del Edificio Rubira.


En 1901 se reanudan las obras en el edificio y a finales de 1905 es ocupado por familias conocidas en la ciudad y empresas de importancia, entre ellas el Banco de Vigo y la Sociedad de Aguas.


En sus primeros años de vida el edificio pronto se convierte en uno de los principales reclamos de los fotógrafos de postales. Su belleza unida a su privilegiada situación lo convierten en una instantánea perfecta para inmortalizar una pequeña parte de la ciudad en una postal.


El nombre que se le asigna al inmueble en las postales es el de Banco de Vigo, en vez del correcto Edificio de la Riva, debido a que el banco era el local más conocido del edificio.

El Banco de Vigo y la Sociedad de Aguas ocuparían el edificio hasta 1924. El Banco se trasladaría a su nueva sede en la esquina de enfrente y poco después la Sociedad de Aguas sería municipalizada.


A principios de la década de los años 20 se construye en la esquina opuesta del edificio Rubira el Banco de Vigo (hoy sede del Banco Pastor). El cruce popularmente conocido como "Cuatro Esquinas" queda consolidado como una de las zonas más importantes de la ciudad y en un futuro como centro financiero. La belleza de las dos edificaciones frente a frente, unidas al edificio de cuatro alturas en perfecta armonía con el conjunto y la gran manzana limitada por las calles Colón, García Barbón y Pontevedra, construida por edificios de una o dos plantas (permitiendo una inmejorable visión de la Escuela de Artes y Oficios), constituye una de las estampas urbanísticas más bellas de la ciudad.

Tras el traslado del Banco de Vigo a su nueva sede, la planta baja del edificio Rubira es ocupada por la Central de Automóviles de Línea, más conocida como "El Castromil". Poco a poco la influencia de la empresa se va extendiendo y el edificio Rubira pasa a nombrarse "El Castromil".


El edificio debido a su privilegiada situación ve cómo sus locales son constantemente ocupados y pronto, uno de ellos llevará su nombre vinculado al edificio para siempre.

Francisco Rubira Fariña nacido en Negreira en 1896 cursa los estudios de farmacia de Santiago de Compostela siguiendo la tradición familiar. Trabajando para la empresa Bayer tiene que viajar por toda España. En uno de sus viajes conoce en Vigo a Trinidad Bastos, con la que contrae matrimonio.


Decide instalarse en Vigo y compra al farmaceútico José Espinosa la botica que tenía instalada al principio de la calle García Barbón, justo en frente del edificio Rubira. La farmacia se convertiría en un local muy concurrido debido a la conocida tertulia médica que tenía lugar en ella.

Después de que la empresa Castromil se trasladase a su nueva ubicación en la calle Uruguay Francisco Rubira instala su farmacia en el edificio que a partir de entonces llevaría su nombre asociado. Su antigua farmacia en la acera de enfrente sería adquirida junto al resto de edificios instalados en la manzana por la Caja de Ahorros en una evidente operación especulativa.


La farmacia inicia su actividad en su nuevo local en 1946 y con el paso de los años se convertiría en uno de los locales más conocidos de Vigo. Además de la evidente actividad económica, allí se reunían para debatir numerosos personajes del mundillo médico como Nicolás Peña, Pérez Alcalde, Ramón de Castro, Cesáreo Corbal,...


En 1951 se empieza a construir el edificio que albergará la sede de la Caja de Ahorros convirtiéndose en una mole que afectará muy negativamente al entorno de la zona y que romperá el equilibrio y la armonía que antes imperaba en las "Cuatro Esquinas".


El impacto provocado por el nuevo edificio y la diferencia de alturas con los edificios del entorno sirvió para avivar el ansia especuladora de unos pocos que provocaron la alteración de la altura de cornisa de muchos edificios de la zona y la destrucción de construcciones en aras de sacar dinero a toda costa.


El Banco de Bilbao tomó nota de la operación llevada a cabo por la Caja de Ahorros y a mediados de los 60 se hacen con el Edificio Rubira.


El arquitecto Francisco Hurtado de Saracho es enviado por el Banco Bilbao a Vigo para buscar un lugar idóneo para contruir la nueva sede del banco, y el emplazamiento elegido por el arquitecto vasco sería el Edificio Rubira. Su opinión sobre la contrucción era que "el edificio carecía absolutamente de estilo, era una cosa rara..." Concluye que la opción más acertada sería demoler el edificio y construir uno nuevo.


Surge aquí la eterna pregunta de por qué el banco no lleva a cabo la rehabilitación de un edificio noble e histórico que seguramente supondría una buena imagen de la entidad de cara a la opinión pública. La respuesta sólo puede ser por intereses económicos. Demoler un edificio de cuatro plantas y contruir uno completamente nuevo de nueve era un negocio demasiado jugoso como para decir que no.


La entonces titular del inmueble Isidora Sánchez de la Riva (nieta del promotor Lucas de la Riva) con conocimiento de los intereses del Banco Bilbao hace una oferta a los inquilinos que hubiera significado la salvación del edificio. Ofrece por una suma total de 900.000 pesetas la posibilidad de que cada uno de los inquilinos fuera propietario de sus respectivas viviendas o locales. La propuesta termina en saco roto debido a las negativas de Francisco Rubira y del abogado Amoedo Seoane a invertir dinero en el edificio. La indemnización que seguramente cobrarían por la operación especulativa debieron llevarlos a tal posición.


Ante la negativa de los inquilinos a aceptar la oferta de compra, el bufete del abogado Buide Laverde se ofrece como mediador para evitar que se llegue a los juzgados. El despacho vigués llega a un acuerdo con todos los vecinos, menos con uno. Francisco Rubira seguía en sus trece y sería el único inquilino que requerir de sentencia judicial.

El 5 de diciembre de 1964 la propietaria del edificio Isidora Sánchez de la Riva vende la finca a la Inmobiliaria El Arenal S.A., domiciliada en Bilbao. El primer escollo para la destrucción del edificio estaba solventado. Ahora tocaba llegar a un acuerdo con el Ayuntamiento.


En una época donde imperaba el desarrollismo y lo moderno, el Ayuntamiento no fue un obstáculo para que el Banco Bilbao se saliera con la suya. El alcalde en ese momento, Rafael J. Portanet Suárez, no sabía lo que significaba la protección del patrimonio. No había ninguna normativa que protegiera los bienes arquitectónicos y urbanísticos ni ningún catálogo de edificaciones a conservar, y además los técnicos municipales no tenían ningún problema en mirar hacia otro lado.


En la documentación técnica aportada en 1965 por el Banco de Bilbao para la construcción de un nuevo edificio en el solar del Edificio Rubira no aparece el citado edificio en ningún momento. Según los planos y documentos aportados al Ayuntamiento no existe edificación alguna que fuera preciso demoler. En apenas un mes los técnicos municipales, sin preocuparse de que en el solar que se pretende construir está en pie el Edificio Rubira, estudian la solicitud y dan luz verde al proyecto. Los técnicos responsables de hacer la vista gorda no son otros que el ingeniero José García Sáenz Díez y el arqutiecto Emilio Bugallo Orozco.

Tras varios aplazamientos, la Comisión de Gobierno se reúne el 4 de octubre de 1967 y concede la licencia solicitada por la Inmobiliaria El Arenal S.A. para construir un nuevo edificio de viviendas y locales con proyecto del arquitecto Francisco Hurtado de Saracho sin mencionar que es necesario destruir primero el edificio que se encuentra en el solar.

La falta de acuerdo con Rubira hizo que la operación de demolición se retrasara, siendo el último inquilino en abandonar el edificio tras percibir la indemnización. Su farmacia se traslada entonces al número 4 de García Barbón, en el Edificio Odriozola.


La salvaje destrucción del emblemático edificio no inmutó a los vigueses ya que hubo muy pocas protestas. En palabras de Jaime Garrido: “Este hecho, más que suficiente como para tomar medidas conducentes a evitar que se repitiera, no debió inmutar a los gobernantes municipales, porque se continuó con los derribos e incluso el Plan General de Ordenación Urbana de 1971 no sólo no lo impedía, sino que lo favorecía, al permitir edificar en altura según el ancho de la calle. Existía una total falta de sensibilización para con el patrimonio arquitectónico y la propiedad era prácticamente sagrada, etc. El nivel cultural era bajísimo y los pocos intelectuales que había estaban muy controlados y sus manifestaciones en público (conferencias, escritos, etc.) eran censuradas”.


Tan sólo se alzó una voz en defensa del edificio. Fue la del periodista Benedicto Conde "Bene", quien en 1965 publica un artículo en el Faro de Vigo titulado "El asesinato completo..." en el que muestra su preocupación por la falta de una legislación protectora del patrimonio en Vigo y denuncia la barbaridad que se planea realizar con el Edificio Rubira. Sin éxito sugiere a sus dueños la posibilidad de llevar a cabo una rehabilitación del edificio o inlcuso una ampliación. Sin embargo todo fue en vano.


La demolición inicia su andadura y del desmontaje y transporte de la cantería del edificio se encargará el industrial José Regojo. Su intención era la de reconstruir el edificio en Redondela. Numera los sillares para tal previsión pero ésta nunca llegará a ejecutarse. En Otoño de 1967 el edificio ya se ha desmontado en su totalidad y las piedras yacen en un solar propiedad de José Regojo en el Chan de Amoedo (Pazos de Borbén).

La intención inicial del empresario de reconstruir el edificio en Redondela se muestra inviable por la singularidad de la edificación y por los problemas económicos que sufriría su empresa en los 70. Regojo se propone entonces por lo menos construir una vivienda unifamiliar aprovechando las piedras del edificio o "hacer algo" con ellas.


Sin embargo las piedras nunca se llegaron a utilizar. Permanecieron en el solar de Pazos de Borbén sin ningún tipo de medida de seguridad, por lo que fueron presa fácil de la rapiña. Vecinos y párrocos se aprovecharon del abandono para llevarse varias piezas con total impunidad.


A finales de los 70 Regojo vende los restos que le quedan al empresario redondelano Juan Pazos Barciela que traslada la totalidad de los restos a sus depósitos de materiales en Redondela. Tan sólo queda en el solar de Pazos de Borbén un lamentable y penoso monumento en homenaje a José Regojo con algunas piezas del depósito. Sin duda un tristísimo final para un bellísimo edificio que nunca debió ser destruido y que debería servir de ejemplo para que el afán constructor y especulador no vuelva a cometer un crimen de tal magnitud.


Un segundo depósito se ubicaría en el margen izquierdo de la carretera a Redondela a Porriño. En estos dos depósitos fue bastante habitual la utilización de material allí depositado para decorar construcciones y jardines de clientes interesados. Las mayores partidas se destinaron a Madrid y Sanxenxo. Hoy, debido a los múltiples robos y a las pérdidas en los traslados queda sobre un 50% del material.


Sobre el solar del Edificio Rubira el Banco de Bilbao construyó uno de los edificios más feos de Vigo. Hurtado de Saracho presentó dos anteproyectos para la construcción del edificio. La primera propuesta es rechazada por los técnicos municipales por su elevada altura, por lo que la segunda es la que finalmente se verá realizada.


Resulta incomprensible que un banco prefiriese para su sede un edificio tan espantoso como el construido por Hurtado de Saracho por un edificio noble, tan sobrio y bello como el Edificio Rubira, con esa armonía y ese excelente trabajo de cantería.

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